La Espada obsequiada al Libertador por la municipalidad de Lima en 1825



La espada original, de la réplica que hoy se exhibe, le fue entregada al Libertador en el año de 1825. De acuerdo con las Memorias del General Daniel Florencio O’Leary, la joya fue recibida de la siguiente manera:
“Por estos días llego de Lima el coronel Salazar, enviado por el Consejo de Gobierno a presentar al Libertador y al general Sucre las magníficas espadas y los uniformes con que la municipalidad de aquella ciudad los obsequiaba en señal de su amor y gratitud; espléndido regalo que esa corporación llamaba “pequeña demostración.” Como curiosa muestra de la magnificencia de la opulenta Ciudad de los Reyes, copio aquí la descripción de las espadas y uniformes y su costo, conforme a la “razón” que tengo a la vista; así como la contestación que dio el Libertador a la municipalidad:
 “Una espada de oro del largo de una vara y siete pulgadas, guarnecida de brillantes, marcada con las letras S.B. Tres brillantes grandes y cuarenta y dos sobrepuestos, entre los cuales va un brillante más grande. Un cinturón bordado de oro en paño granate con 8 hebillas de oro. Va en una caja de madera nueva forrada en seda con su respectivo almohadón”. [...]
Lima 3 de Octubre de 1825
Contestación del Libertador a la Municipalidad: 
 “El coronel Salazar me ha presentado la hermosa espada que la Muy Ilustre Municipalidad de Lima ha tenido la bondad de ofrecerme, después de haber dado tantas otras pruebas de sus sentimientos generosos y del precio que pone a los esfuerzos que se hacen por la libertad y por la restauración de los derechos de los pueblos.
Esta espada, Ilustrísimo señor, será el gaje más seguro de mi consagración a la defensa del Perú en todas las épocas en que la república quiera aceptar mis servicios. Esta espada me dirá siempre que la ciudad de Lima es digna de ser la capital de la nación más agradecida del universo.
Su Excelencia, el Mariscal Sucre recibió de mi mano el día de Ayacucho, la espada que Usted tuvo a bien destinarle como un premio de aquella victoria. El general vencedor ha recibido esta demostración con una efusión de gratitud que nada puede expresar, y entre sus mejores amigos nadie puede llevarnos el paso. Esta protesta la hacemos con toda la sinceridad que debemos a Usted y al pueblo peruano.
Tengo la honra de ofrecer a Usted los sentimientos de mi consideración y mi respeto.     Simón  Bolívar” 

                                          

 La pieza fue elaborada por un orfebre de nombre Chungapoma, dirigido por Cayetano Freyre, alcalde de Lima. El regalo consistente de dos espadas, una para Bolívar y otra para Sucre, más dos uniformes, tuvieron un costo de 12.880 pesos. Ese uniforme es el mismo que Bolívar lució cuando fue pintado del natural su retrato de cuerpo entero por José Gil de Castro en 1825 en la Quinta Magdalena en Lima, el cual tiene una inscripción del propio Libertador que dice: “Al Señor General Robert Wilson: Retrato mío hecho en Lima con la más grande exactitud y semejanza. Bolívar”. El año en que esta obra fue pintada es el mismo en que recibió la espada y el uniforme de manos del Intendente de Lima, por lo que podría suponerse que además le fue obsequiada esa pintura vistiendo los nuevos presentes.
En 1833 las hermanas y sobrinos del Libertador dividieron las prendas y joyas de éste, tocándole ésta espada a su hermana doña Juana Bolívar, de quien pasó después de su muerte a manos de las familias Briceño Palacios y Amestoy Palacios. Esta espada se expuso el 28 de octubre de 1872 en Caracas, junto con los demás objetos preciosos del Libertador.
 En 1889, el gobierno del Doctor Juan Pablo Rojas Paul adquirió esta espada de las familias señaladas por la suma de 120.000 pesos y la destinó al futuro museo de Bolívar.
La misma consta de  1.367 brillantes, 8 rubíes, 7 esmeraldas; más 5 marcos, 5 onzas y 8 adarmes de oro. Así como una hoja de acero  labrada al estilo “Damasco”, el cual se caracteriza por su decorado con incrustaciones de hilo de oro y plata, que le brindan un brillo especial y a su vez la hacen excepcionalmente ligera, flexible, fuerte y resistente. El artífice Chungapoma creó un diseño barroco en retorcidas filigranas de cuerpo serpentino adornados en brillantes, que otorgaban a la espada un lujo esplendoroso sin perder su utilidad como arma letal.
La vaina fue vaciada en oro macizo de 18 quilates, sobre un molde de variados dibujos y arabescos de exquisita perfección. La espada destinada al Libertador, en la parte inferior lleva una serpiente de nueve pulgadas y ojos de rubíes que la abrazan. La hoja de acero posee la inscripción: Simón Bolívar: unión y libertad, año de 1825, leyéndose en el anverso lo siguiente: Libertador de Colombia y del Perú, Chungapoma me fecit en Lima.
 Como lo describe el manual del Banco Central de Venezuela, lugar donde debería estar depositada la espada obsequiada al Padre de la Patria en honor a Ayacucho; el pomo de la guarnición de la espada posee un bello busto de oro, el genio de la libertad, coronado por un gorro frigio, relleno de brillantes y circundado por una corona de laureles compuesta de diamantes. En la parte inferior del mismo espacio, llámese la cazoleta, resaltan las figuras de dos indígenas de oro en relieve, coronados cada uno por penachos de brillantes que adornan sus cabezas; sosteniendo ambos el asta que lleva el gorro frigio de la libertad. La empuñadura posee dos pirámides truncadas. En la pirámide superior se observa, en una de sus caras, el escudo de armas del Perú, adicionalmente una orla de laureles. La pirámide inferior posee la siguiente dedicatoria: "El Perú a su Libertador". De la parte contigua a la empuñadura, o sea el pomo, se desprende un dragón de oro con dos brillantes.
La Sociedad Bolivariana de Venezuela, Capítulo Amazonas, se complace en presentar este símbolo de Libertad, Justicia y Honor que tenemos todos los venezolanos como herencia y tradición republicanas, producto de una heroica gesta que históricamente comenzó tal día como hoy de 1810 en Caracas, y culminó el 9 de diciembre de 1824 en Ayacucho. No obstante, recordemos que la República, su construcción y perfeccionamiento, es una tarea continua, eterna y conjunta. De allí que, este trofeo a la victoria pretérita, bien puede ser el emblema del compromiso moral individual y colectivo que tenemos ante nosotros en la actualidad…Amazonas y Venezuela bien lo merecen.                                     

Dra. Sandra Caicedo Gómez

 Puerto Ayacucho, 19 de abril de 2014

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